

Misiones ocupa el espacio que la Nación deja vacío. Milei, mientras tanto, ocupa Malvinas para tapar su desgaste. La soberanía no se negocia. La política, tampoco.

La política ya explicó la ruptura. Ahora tiene que demostrar para qué sirvió. Passalacqua camina. Y cada paso, en esta nueva etapa, es una respuesta.

Movimiento por lo que Viene ya tiene 18 diputados y es la primera minoría de una Legislatura fragmentada. Pero el verdadero desafío no es ocupar bancas, sino demostrar para qué se construyó la nueva etapa. Passalacqua lo resumió en una frase: "Perdimos y había que hacer una lectura política". El después llegó. Y el después, siempre, es más difícil que la ruptura.

Hay una distancia que no se mide en kilómetros. El gas que no llega, las rutas que se deterioran, las promesas que se repiten gobierno tras gobierno con la puntualidad de un ritual. La política argentina, mientras tanto, se entretiene mirando el espejo retrovisor: los mismos nombres, las mismas alianzas, las mismas preguntas que nadie se anima a responder. Una provincia hace lo que puede mientras reclama lo que le deben. Un país discute si el Estado debe estar o no, como si esa fuera la pregunta. En el fondo, todo es lo mismo: qué hacer con la distancia, ahora que ya no hay excusas.

En Misiones, la política se está construyendo de otra manera: debajo de los nombres y los bloques, Passalacqua recorre el territorio y administra. En la Nación, la distancia entre el relato de Milei y lo que la sociedad percibe sigue creciendo: 62,4% de desaprobación, 70% que considera mala la situación económica. Una provincia que elige gobernar desde el territorio. Un gobierno que sigue mirando el escenario que construyó.

En Misiones, la semana pasó de los reacomodamientos a la gestión: Presupuesto, tomógrafo, obra energética, diálogo con productores. En la Nación, Milei anunció reformas al Banco Central y volvió a convertir una decisión en un nuevo show. Una provincia que elige gobernar. Un gobierno que elige actuar. Cuando el espectáculo ocupa el centro de la escena, la gestión suele quedar en el fondo