El destino volvió a poner a prueba el corazón de la Selección Argentina en una tarde que parecía destinada a la tragedia futbolística, pero que terminó transformándose en una de las páginas más heroicas de los últimos tiempos.
En un cruce para el infarto, el combinado nacional remontó un partido imposible, venció a Egipto por 3-2 y selló un boleto agónico a los cuartos de final de la Copa del Mundo, donde ahora espera por Suiza.
Por eso, ni bien el árbitro marcó el final de la batalla, el diez se puso a llorar y conmovió a millones de hinchas que entendieron esas lágrimas como el desahogo puro de quien caminó por el infierno y encontró la redención.
Para Lionel Messi, el desenlace fue una descarga eléctrica de emociones contenidas. Al capitán el partido le había sido terriblemente esquivo: cargaba sobre sus hombros la frustración de haber fallado un penal clave —el segundo que erra en lo que va del torneo— y el sufrimiento de ver cómo los caminos se cerraban.
Lionel Scaloni se quebró de emoción tras la hazaña
La reacción del entrenador fue tan intensa como el partido. Apenas terminado el encuentro, Scaloni se mostró visiblemente emocionado y, con la voz quebrada, alcanzó a decir: “Estoy muy emocionado”. Movió la cabeza, agregó un escueto “ya está, me tengo que ir” y se retiró al vestuario sin poder contener las lágrimas.

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