Tras meses de surcar las aguas del océano Atlántico y representar al país en puertos del mundo, la Guardiamarina en Comisión Yuriko Andrea Marín completará este sábado 19 de septiembre una de las etapas culminantes de su formación: el arribo a Buenos Aires a bordo del buque escuela fragata ARA “Libertad”, concluyendo formalmente el 54° Viaje de Instrucción.
Aunque nació en Corrientes a fines de 2003, a los cuatro meses su familia se radicó de forma definitiva en la capital misionera, donde creció en el tradicional barrio Rocamora y cursó la primaria en el Instituto San Alberto Magno. Su nombre, elegido en homenaje a sus bisabuelos maternos llegados de Japón, significa “pequeño lirio”, un contraste de delicadeza frente a la tenacidad de quien eligió el mar como profesión de vida.
El llamado del mar frente a la tradición familiar
En un entorno marcado por la medicina —sus padres, Mirna y Juan, son psiquiatra y clínico, y su hermana menor continúa la misma profesión en la UCAMI—, el porvenir de Yuriko parecía orientado hacia la salud. Llegó a cursar el ingreso universitario en esa área, pero comprendió a tiempo que su destino no estaba entre consultorios:
“Conocer otras culturas, otra gente, fue lo que me motivó a seguir la carrera como oficial. Descubrí que podía vivir una experiencia distinta, rodeada de personas con un profundo sentido de pertenencia, compañerismo y lealtad”.
El primer contacto con la vida militar provino de las anécdotas del hijo de su niñera, egresado del Liceo Naval Militar “Almirante Storni”, institución a la que luego ingresaría. La certeza vocacional se consolidó en quinto año tras la visita informativa de un oficial naval, abriéndole las puertas a la Escuela Naval Militar (ESNM). Con su incorporación descubrió, además, lazos familiares que desconocía: un tío oficial retirado submarinista y un primo egresado que realiza el curso de Aviación Naval.
Superación, adiestramiento y el sueño antártico
El camino no estuvo exento de sacrificios: el desarraigo inicial de Posadas se transformó pronto en hermandad con sus camaradas de promoción y la práctica intensiva en el equipo de natación militar. Su romance definitivo con la navegación se forjó en su segundo año en las aguas fluviales a bordo del patrullero ARA “King”, seguido de adiestramientos en el transporte rápido ARA “Canal Beagle” y lanchas de instrucción hacia puertos como Rosario y Mar del Plata.
“Me di cuenta de que me apasionaba navegar. Sentí que estaba acá no solo para defender a la Patria, sino también para motivar a más gente a que ingrese a la Armada y experimente este sentido de pertenencia”, subraya la guardiamarina.
A bordo de la “embajadora de los mares”, Marín afianzó la toma de decisiones operativas y el comportamiento de las variables hidrometeorológicas. Con la mirada puesta en el futuro dentro del Escalafón Naval, proyecta especializarse en el área de Comunicaciones y persigue un anhelo claro: integrar una Campaña Antártica a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”.
Pese a la distancia, la joven destaca que lleva intacta la identidad de su tierra: el recuerdo del río, las charlas cotidianas de barrio, la postal de la Costanera posadeña y sabores como el chipá y el reviro, que acompañan cada guardia cumplida al servicio de la Nación.


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