El debate interno en el oficialismo misionero abrió una discusión silenciosa pero profunda sobre reelecciones, acumulación de votos y liderazgo real en los municipios.
La discusión por una eventual reforma electoral en Misiones empezó a mover estructuras mucho antes de que la Legislatura debata los proyectos. Y no precisamente en la oposición, el debate se instaló dentro del propio oficialismo, hoy rebautizado como Encuentro Misionero, donde 67 intendentes reclamaron mayor participación en la toma de decisiones políticas y electorales durante la reunión de Ruiz de Montoya, hace una semana.
Pero detrás de esa discusión interna, aparece un dato que explica muchas tensiones: varios de los intendentes históricos del oficialismo podrían quedar expuestos si avanzan dos cambios clave en el sistema electoral.
El primero sería limitar los mandatos a una sola reelección. El segundo, reducir drásticamente la cantidad de sublemas habilitados por municipio, estableciendo un máximo de cuatro listas por localidad.
En síntesis, se terminaría la reelección indefinida y también la posibilidad de construir victorias a partir de decenas de candidaturas satélite que suman votos al mismo espacio. Es ahí donde los números de las elecciones 2023 cobran otra dimensión.
Porque el análisis de los resultados muestra que varios intendentes lograron sostenerse no tanto por su caudal individual, sino gracias al enorme andamiaje que ofrece la Ley de Lemas en su versión actual.
- Casos a destacar
El caso más emblemático fue el de Claudio Filippa en Puerto Iguazú, quien alcanzó su quinto mandato con 6.108 votos propios, pero necesitó otros 7.387 votos provenientes de sublemas aliados para consolidar la victoria. En términos reales, ganó con apenas el 20,8% de los votos de la ciudad.
La lectura política es inevitable: sin un esquema de acumulación masiva, el resultado habría sido completamente distinto.
En San Ignacio ocurrió algo incluso más llamativo: Esteban Romero consiguió su cuarto mandato, aunque los otros candidatos del lema aportaron más votos que él mismo. Mientras el intendente reunió 3.304 votos propios, los sublemas sumaron otros 3.612.
Es decir, la estructura sostuvo al candidato más que el candidato a la estructura.
En Montecarlo, Julio César "Chun" Barreto también quedó dentro de esa lógica. El histórico dirigente obtuvo 5.052 votos directos y recibió otros 4.371 votos adicionales gracias al lema. Casi la mitad del respaldo final no fue exclusivamente suyo.
La situación se repitió en Campo Grande con Carlos "Kako" Sartori, en Puerto Libertad con Fernando "Nandy" Ferreyra y, en menor medida, en otros municipios donde las estructuras partidarias funcionaron como verdaderas colectoras de votos.
El trasfondo de la discusión actual es claro: si el oficialismo avanza hacia un sistema con menos sublemas y límites a las reelecciones, muchos dirigentes deberán empezar a medir su peso político real sin la red de contención que durante años ofreció la Ley de Lemas.
La eventual reforma no solo modificaría reglas electorales. También podría alterar el mapa de poder territorial construido en Misiones durante las últimas dos décadas.
Porque una cosa es ganar acompañado por veinte candidatos que suman para el mismo espacio, otra muy distinta, es hacerlo con respaldo propio, en una competencia más directa y con menos margen para fragmentar la oferta electoral.
Por eso, detrás del debate técnico sobre sublemas y mandatos, lo que realmente empezó a discutirse es quiénes conservan liderazgo genuino y quiénes dependen de un sistema diseñado para multiplicar votos y, en esa discusión, los números de 2023 dejaron varias señales difíciles de ignorar.



