La tragedia del arroyo Yazá dejó nueve personas fallecidas y 29 heridas el 26 de octubre de 2025, cuando un colectivo de larga distancia chocó con un automóvil sobre la ruta nacional 14, a la altura de Campo Viera.
Entre las víctimas se encontraba Tadeo Alpuy, de 19 años, oriundo de Eldorado.
A un año del siniestro, su madre, Florencia Dousset, recordó en una entrevista con Eldópolis Radio 106.3 cómo fueron las horas en las que pasó de esperar la llegada de su hijo a buscar desesperadamente información sobre su paradero, hasta recibir la noticia que cambiaría su vida para siempre.
Tadeo tenía previsto regresar a Eldorado para votar en las elecciones nacionales del 26 de octubre.
En un primer momento, había organizado viajar en automóvil con un compañero de estudio, pero el plan se canceló durante la noche anterior al accidente.
Florencia recordó que su hijo había estado en su casa el fin de semana previo, cuando se celebró el Día de la Madre.
Sin embargo, ella insistió en que regresara para cumplir con su obligación cívica.
Cerca de las 23, recibió la llamada en la que Tadeo le avisó que finalmente viajaría en colectivo. “Me llama y me dice: ‘Mamá, se cayó el viaje con Alvarito, él se va a quedar, así que me voy en cole’.
Le dije que le mandaba la plata para el colectivo, pero después le escribí para recordarle que el transporte era gratuito por las elecciones”, contó.
Después de esa conversación, Florencia se fue a dormir sin imaginar lo que ocurriría durante la madrugada.
Como era habitual cada vez que Tadeo viajaba desde la zona centro de Misiones, su madre esperaba un mensaje para saber por dónde estaba y acercarse a la terminal.
El horario habitual de llegada era alrededor de las 7.10, pero esa mañana el teléfono permanecía en silencio.
Florencia se despertó cerca de las 7.30 y comprobó que no tenía noticias de su hijo.
Le envió un audio para preguntarle dónde estaba, mientras suponía que podía encontrarse en algún tramo del recorrido con dificultades de señal.
En ese momento, su marido, Mauricio, le avisó que había ocurrido un accidente y que había heridos trasladados a centros de salud de la zona.
Todavía adormecida, Florencia comenzó a escuchar la radio y a revisar las redes sociales, hasta que encontró una imagen que le confirmó sus peores temores. “Lo primero que me aparece en el teléfono es el colectivo con las ruedas para arriba.
Abro la imagen y veo que es el colectivo de la empresa Sol del Norte.
Entonces le digo a mi marido: ‘Mauricio, es el colectivo de Tadeo, es el colectivo de Tadeo’”, recordó.
La familia se dirigió a la comisaría alrededor de las ocho de la mañana para intentar obtener información.
Allí les dijeron que los heridos estaban siendo trasladados a Oberá, pero nadie podía confirmar dónde estaba Tadeo.
Comenzaron entonces las llamadas telefónicas, las consultas y la búsqueda de información en distintos centros asistenciales. “Decidimos irnos a Oberá.
Lo único que sabía era que los heridos estaban yendo allá.
Fui a mi casa, levanté a mis otros dos hijos y les dije que el colectivo de Tadeo había tenido un accidente y que nos íbamos a buscarlo”, relató.
Antes de salir, les pidió que intentaran comunicarse con su hermano.
Mientras viajaban, ella mantenía la esperanza de que el joven se hubiera quedado dormido, que no hubiera subido al colectivo o que estuviera entre los pasajeros con lesiones leves.
La familia consultó por teléfono a conocidos y buscó información en los hospitales de Oberá, Campo Viera y Campo Ramón.
Sin embargo, Tadeo no aparecía en las listas de heridos. “Yo rogaba que, si no estaba en la lista, fuera porque estaba bien, porque había sido el que menos lastimado estaba”, recordó.
La búsqueda continuó mientras la familia avanzaba hacia Oberá.
Florencia contó que decidieron realizar el recorrido por Santa Ana, en lugar de transitar por la ruta nacional 14.
Antes de llegar a Santa Ana, recibió un mensaje relacionado con la documentación necesaria para identificar a su hijo.
En ese momento, comprendió que la situación era mucho más grave de lo que había imaginado. “Ahí le dije a mi marido: ‘Pará, pará, pará, Tadeo se murió, Tadeo se murió’.
Paramos en una de las curvas altas, antes de llegar a Santa Ana.
Estuvimos casi una hora para poder recomponernos de la noticia.
Tuve que llamar a mis hijos y darles la noticia por teléfono, porque yo había salido buscando a mi hijo en el hospital”, relató.
Durante el trayecto, la familia pasó por la zona del arroyo Yazá, donde se desarrollaba el operativo y había personas que intentaban ingresar y salir del lugar.
Florencia recordó que debían explicar que eran familiares de los pasajeros y que necesitaban continuar el recorrido.
La llegada a Oberá estuvo marcada por la dimensión de la tragedia y por la espera de los procedimientos necesarios para trasladar a las víctimas a sus localidades. “Había cinco cajones”, recordó sobre aquella escena que la impactó durante la búsqueda de información.
Después llegaron el regreso a Eldorado y el velorio, momentos que, según relató, estuvieron atravesados por el dolor de perder a su hijo y por la muerte de otros jóvenes cercanos a su familia.
El dolor de perder a un hijo A lo largo de la entrevista, Florencia también reflexionó sobre la dificultad de explicar lo que significa la muerte de un hijo y sobre el tiempo que deben transitar las familias después de una pérdida de estas características.
Consideró que la muerte de los padres suele asociarse con el ciclo natural de la vida, aunque eso no significa que sea fácil de afrontar.
La muerte de un hijo, en cambio, implica una ruptura de las expectativas y de los proyectos que una familia construye a futuro. “Cuando fallece un papá o una mamá, uno lo tiene más asimilado porque es la ley de la vida.
Son gente grande, ya vivieron.
Pero cuando es un hijo, se complica”, expresó.
Para ella, el dolor no se limita a lo emocional, sino que atraviesa todos los aspectos de la vida.
También cuestionó las imprudencias al volante y sostuvo que las tragedias viales deben servir para generar conciencia sobre la responsabilidad que implica conducir.
El acompañamiento a las familias después de la tragedia Al cumplirse un año del siniestro, Florencia contó que mantiene contacto con otros padres y madres que perdieron a sus hijos en el accidente.
Se trata de un grupo de ocho o nueve familias que comparten experiencias y se acompañan durante el proceso de duelo.
Sobre el acompañamiento institucional durante los primeros momentos, destacó la presencia del municipio, especialmente en la organización de los traslados de los jóvenes fallecidos y de los velatorios. “En su momento se lo agradecí a Pipo Durán.
La Municipalidad se hizo presente y se ocupó del traslado de los chicos y de lo que fue el sepelio, el velorio”, contó.
También mencionó la asistencia de profesionales de Salud Mental, a la que recurrieron quienes consideraron necesario recibir contención psicológica.
Aclaró, sin embargo, que cada familia atravesó el proceso a su manera y que algunas buscaron ayuda profesional por sus propios medios.
Al referirse al acompañamiento social, destacó el papel de los amigos, conocidos y personas cercanas, aunque advirtió que resulta difícil comprender plenamente el dolor de quien perdió a un hijo. “La gente siempre acompaña.
El ciudadano, los amigos, la gente que te conoce; la red de contención va por ahí.
El que te conoce te da una mano y trata de acompañarte en algo que no tiene manera de trasladarse a otro.
Solo el que pierde un hijo sabe lo que siente y lo que le pasa por el cuerpo, por el alma, por la mente”, expresó.
En contraste, aseguró que no recibieron contacto de la empresa de transporte ni de la familia del conductor del automóvil fallecido, al menos en lo que respecta a las familias de la zona norte de Misiones. “De parte de la compañía, de parte de la familia del conductor, no hubo ningún tipo de nada.
Tampoco de la empresa de transporte.
Nada, absolutamente nada, por lo menos hacia nosotros acá en la zona de nuestros hijos, todo lo que sea Eldorado y alrededores”, afirmó.
La situación judicial: demandas civiles y cuestiones de competencia Además del proceso de duelo, las familias deben afrontar las consecuencias judiciales del siniestro.
Florencia explicó que los padres de las víctimas avanzaron por separado y que cada uno contrató a un profesional de confianza para representar sus intereses.
Aunque es abogada, reconoció que le resultó imposible llevar adelante personalmente la causa por la muerte de su propio hijo y decidió recurrir a colegas para que se ocuparan del expediente.
La madre de Tadeo señaló que la causa civil se encuentra trabada por cuestiones procesales y por la cantidad de partes involucradas.
Según explicó, el expediente se inició en Eldorado y luego pasó a Apóstoles, donde se tramitan causas anteriores relacionadas con el hecho, con el objetivo de evitar que se dicten sentencias contradictorias.
En un primer momento, la demanda incluyó al titular registral del automóvil, a su compañía aseguradora, a la empresa de transporte y a la aseguradora correspondiente al colectivo.
Posteriormente, las partes demandadas citaron también a la Provincia y al Estado nacional.
La Provincia fue incorporada por cuestiones vinculadas con el transporte gratuito durante las elecciones, mientras que la Nación fue citada por tratarse de un siniestro ocurrido sobre una ruta nacional. “Como decimos en buen español, está todo hecho una galleta”, describió Florencia al explicar la complejidad de la situación judicial.
La intervención de distintos organismos y jurisdicciones generó nuevas discusiones sobre dónde deben tramitarse las actuaciones.
Según indicó, la presencia del Estado nacional plantea una cuestión de competencia federal, mientras que la participación de la Provincia remite a la Primera Circunscripción Judicial.
Por ese motivo, la causa debe resolver primero estas cuestiones procesales antes de avanzar hacia las siguientes etapas del juicio civil. “Son todos responsables solidarios según el ordenamiento jurídico: el conductor, el transportista, la aseguradora y el titular del bien, el titular registral”, afirmó.
La abogada también remarcó que el proceso no involucra únicamente a las familias de las personas fallecidas, sino también a quienes resultaron heridos y tienen derecho a reclamar una reparación económica por las consecuencias del accidente.
La cantidad de víctimas, los distintos demandados y las cuestiones jurisdiccionales hacen que se trate de un proceso complejo, que requiere resolver diferentes instancias antes de alcanzar una sentencia.
Desde su experiencia profesional, Florencia sabe que este tipo de causas tiene sus propios tiempos y procedimientos.
Sin embargo, la espera adquiere otra dimensión cuando se trata de obtener una respuesta judicial por la muerte de un hijo. “Espero que no me llegue a los 80 años el resarcimiento por el fallecimiento de mi hijo.
Espero que no me llegue a esa edad.
Pero, como abogada que soy, sé que todo tiene su trámite y su tiempo, sobre todo este tipo de causas”, manifestó.
La entrevista dejó expuesta una de las preocupaciones que acompañan a las familias a un año de la tragedia: mientras intentan reconstruir su vida después de la pérdida, también deben sostener procesos judiciales que avanzan entre cuestiones técnicas, planteos de competencia y múltiples partes involucradas. “La mejor manera de honrar a los nuestros es estar de pie” Al cierre de la entrevista en Eldópolis Radio 106.3, Florencia dejó un mensaje para las familias que perdieron a sus hijos en accidentes y para quienes atraviesan situaciones similares. “La vida sigue y la mejor manera de honrar a los nuestros es estar de pie hoy, cumpliendo cada uno con sus obligaciones, en la medida en que se pueda”, expresó.
También envió un mensaje especial a los padres que perdieron a sus hijos, tanto en la tragedia del Yazá como en otros accidentes “Un abrazo enorme y fuerza.
Ellos seguramente, desde donde estén, nos estarán dando ese amor que necesitamos para continuar, hasta que nos volvamos a encontrar”, concluyó.




