La gestión de la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) tuvo su primera baja. Se trata del general de brigada, Sergio Maldonado, quien presentó su renuncia como presidente del directorio, cargo en el que había sido nombrado el pasado 4 de marzo por el ministro de Defensa.
A pesar de que alegó "motivos personales", su salida se produce en un contexto crítico: una deuda que supera los $212.000 millones y la interrupción de servicios médicos en todo el país.
- Una herencia deficitaria
La situación financiera de la entidad es delicada. Según trascendió, el rojo fiscal se acumuló principalmente durante los últimos dos años debido a un desfasaje en los aportes: las fuerzas realizaban contribuciones basadas únicamente en el salario básico, omitiendo otras sumas remunerativas.
Para intentar paliar la crisis, hace dos semanas se anunció que el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea comenzaron a regularizar el pago de contribuciones patronales adeudadas por una suma de $80.000 millones (el 40% del total). Sin embargo, este auxilio financiero no bastó para sostener la continuidad de Maldonado al frente del organismo.
El nuevo esquema de salud militar
La OSFA fue creada en febrero de este año mediante el decreto 88/2026 firmado por el presidente Javier Milei. Esta normativa dispuso el desdoblamiento del antiguo IOSFA (Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad), dividiéndolo en dos entes autónomos:
OSFA: Brinda cobertura a 343.000 afiliados del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.
OSFFSEG (Obra Social de las Fuerzas Federales de Seguridad): Destinada a 187.000 afiliados de Gendarmería y Prefectura.
La salida de Maldonado deja un interrogante sobre quién asumirá el desafío de sanear las cuentas de una obra social que, a pocos meses de su nacimiento independiente, enfrenta una deuda que afecta la atención de miles de uniformados y sus familias.



