Gustavo Melgarejo, delegado de UTICRA, confirmó en una entrevista con Eldópolis Radio 106.3 que la fábrica Dass abrió un proceso de retiro voluntario que alcanzará a 50 trabajadores. La medida fue comunicada este martes durante una reunión entre la empresa y representantes de los empleados.
Según explicó, la firma argumentó que atraviesa una situación compleja y que necesita una “reprogramación” para poder sostenerse. “Es una noticia difícil de comunicar y de digerir”, expresó Melgarejo, quien detalló que los trabajadores que acepten el retiro voluntario recibirán el 100% de la indemnización bajo el esquema previo a la reforma laboral.
El representante sindical señaló además que la medida no garantiza la continuidad laboral del resto de los empleados. “Eso tampoco garantiza el futuro de los que están adentro”, advirtió. También vinculó la situación con el contexto económico nacional, mencionando la apertura de importaciones, la caída del consumo y la pérdida del poder adquisitivo.
Melgarejo indicó que entre los trabajadores que evalúan adherirse al retiro voluntario hay empleados con entre 3 y 18 años de antigüedad. “Es indiscutiblemente la caída de una industria”, sostuvo, y manifestó preocupación por el impacto que atraviesa una de las fábricas más importantes de la región.
Finalmente, expresó su deseo de que la empresa pueda recuperarse y volver a incorporar trabajadores en el futuro, aunque reconoció que el panorama actual dentro de la fábrica “es muy delicado”.
- Pasividad sindical
Es inverosímil que un gremio con presencia interna en una multinacional como DASS se vea "sorprendido" por una tanda de 50 retiros. Esa supuesta ingenuidad es una herramienta comunicacional para no admitir que hubo una negociación previa a puertas cerradas. El gremio actúa como un escribano que certifica la pérdida de empleo en lugar de ser el muro de contención que frene el drenaje de trabajadores.
Parece que la prioridad de la cúpula gremial es ser "políticamente correcta". Mantener buenas relaciones con el poder de turno y con la empresa parece ser más importante que denunciar el goteo constante de despidos encubiertos. En Eldorado, esta función gremial "light" está dejando un precedente peligroso: la idea de que los derechos laborales son negociables según la comodidad del dirigente de turno.
El rol del gremio no debería ser el de un administrador de la derrota. Al aceptar los términos de la patronal sin chistar, el sindicato local convalida el mensaje de que la industria misionera es prescindible en este nuevo orden económico.
En sintonía con ciertos sectores del sindicalismo nacional que prefieren negociar cuotas de poder antes que salir a la calle, los delegados locales se han vuelto "burócratas del retiro". Su función se ha reducido a verificar que la indemnización se deposite, olvidando que su razón de ser es defender la fuente de trabajo, no gestionar su liquidación.
Esta postura tibia en Eldorado sienta un precedente peligroso para todo el sector industrial de Misiones. Si el gremio no planta bandera ahora, le está diciendo al poder nacional y a las multinacionales que en el norte argentino se puede ajustar sin costo social. La "sorpresa" e "inocencia" de los delegados es, en realidad, una señal de rendición ante una política de ajuste que los sobrepasa, pero que eligen no combatir para no arriesgar sus propios privilegios.



