Un relevamiento realizado por la Fundación Ma’era durante febrero y marzo de 2026 en la ciudad de Eldorado dejó al descubierto una situación alarmante: la gran mayoría de los vecinos sufre interrupciones frecuentes en el suministro de agua potable, servicio que está a cargo de la Cooperativa de Electricidad de Eldorado Limitada (CEEL).
De acuerdo al informe, el 91,7% de los 266 encuestados afirmó haber padecido cortes de agua en el último año. Solo un 3,8% aseguró no haber tenido inconvenientes, mientras que el resto manifestó dudas. La frecuencia de estas interrupciones también resulta crítica: más de la mitad de los usuarios reporta más de seis cortes mensuales, lo que convierte la falta de agua en una constante semanal e incluso diaria en algunos casos.
Cortes prolongados y zonas más afectadas
La duración de los cortes profundiza la problemática. Una porción significativa de los encuestados indicó haber permanecido sin agua durante un día o más, mientras que otro grupo importante reportó interrupciones de entre 6 y 24 horas. Los cortes breves son minoría.
El informe identifica como uno de los sectores más afectados al comprendido entre los kilómetros 7 y 9, donde la mayoría de los usuarios sufrió interrupciones de larga duración. Esta distribución territorial evidencia que el problema no es homogéneo, sino que impacta con mayor intensidad en determinadas zonas de la ciudad.
Falta de información y dependencia de canales informales
Uno de los aspectos más cuestionados por los vecinos es la deficiente comunicación por parte de la CEEL. Solo un pequeño porcentaje de los usuarios afirma recibir información constante sobre los cortes, mientras que la gran mayoría señala que las notificaciones son esporádicas o inexistentes.
En este contexto, los ciudadanos terminan dependiendo de redes sociales, familiares o vecinos para enterarse de las interrupciones, o simplemente descubren la situación cuando el agua deja de salir. Esta falta de previsibilidad impide organizar tareas básicas del hogar y agrava el impacto de cada corte.
- Impacto social y sanitario
El relevamiento muestra que el problema afecta principalmente a familias, que representan el 65% de los encuestados. En este contexto, la falta de agua adquiere una dimensión social crítica, especialmente si se tiene en cuenta que en más de cuatro de cada diez hogares viven niños y que en numerosos casos hay personas con enfermedades crónicas o que requieren cuidados especiales.
La imposibilidad de garantizar condiciones básicas de higiene, alimentación y cuidado convierte la crisis del agua en un problema de salud pública. Las dificultades para cocinar, limpiar o mantener la higiene personal son mencionadas de forma recurrente, al igual que el estrés y la preocupación que genera la incertidumbre sobre la duración de los cortes.
Estrategias de supervivencia y desigualdad
Frente a la inestabilidad del servicio, muchas familias se ven obligadas a desarrollar estrategias propias para garantizar el acceso al agua. Si bien la mayoría cuenta con tanques de reserva, una parte importante de la población no dispone de esta infraestructura, lo que la deja en una situación de vulnerabilidad inmediata ante cada interrupción.
Incluso entre quienes tienen tanque, la capacidad de almacenamiento suele ser insuficiente para afrontar cortes prolongados, lo que obliga a recurrir a soluciones alternativas.
El costo económico de la crisis
La falta de agua también tiene un impacto directo en la economía de los hogares. Según el informe, una amplia mayoría de los encuestados debió afrontar gastos adicionales, principalmente en la compra de agua en bidones, recipientes o transporte para abastecerse.
A esto se suma un fuerte descontento con la tarifa del servicio. Más del 80% de los usuarios considera que el costo es superior a lo que debería ser, especialmente en relación con la calidad del suministro. Esta percepción se agrava por un dato contundente: la mayoría de los vecinos afirma haber recibido facturas incluso durante períodos en los que no contó con servicio.
- Reclamos y respuestas insuficientes
El nivel de disconformidad se traduce en una alta tasa de reclamos. Seis de cada diez encuestados indicaron haber realizado gestiones ante la CEEL por problemas con el servicio. Sin embargo, la respuesta institucional es considerada insuficiente: solo una minoría afirma haber obtenido soluciones satisfactorias.
Esta situación refuerza la sensación de desprotección y la falta de confianza en el sistema.
En todos los sectores relevados, la problemática del agua es percibida como grave, pero en algunas zonas alcanza niveles de urgencia extrema. En áreas como los kilómetros 7 al 9, la gran mayoría de los vecinos considera que se trata de una situación que requiere intervención inmediata.
El informe concluye que la crisis hídrica en Eldorado ha dejado de ser un problema técnico para convertirse en una cuestión estructural que atraviesa la vida cotidiana de la población.
La voz de los vecinos
Los testimonios recogidos reflejan con claridad el impacto de la situación en la vida diaria:
“Estoy con insuficiencia renal crónica… el consumo de agua es vital… es un riesgo enorme no contar con agua un solo día.”
“Tengo un menor de edad, ¿cómo le explico que no hay para tomar, bañarse e ir al baño?”
“Genera ansiedad el no saber cuánto durará el corte… hemos dejado de lado la higiene para priorizar el consumo.”
“Es un asco pasar días sin poder bañarnos, y es injusto que después nos cobren como si nada.”
El relevamiento de la Fundación Ma’era expone una realidad contundente: en Eldorado, el acceso al agua potable presenta fallas sistemáticas que afectan la salud, la economía y la calidad de vida de la población.
En este contexto, el servicio brindado por la CEEL se encuentra en el centro de los cuestionamientos, mientras crece el reclamo de los vecinos por soluciones de fondo que garanticen el acceso regular a un recurso esencial.


