La historia argentina sobre la última dictadura militar ha estado marcada por una fuerte centralidad en Buenos Aires, lo que relegó durante décadas el relato de lo ocurrido en las provincias del interior. Sin embargo, en Misiones también se desplegó el terrorismo de Estado, con características propias vinculadas al contexto rural, la geografía y las luchas sociales de la región.
En la provincia, la represión tuvo como principal blanco a los colonos y trabajadores rurales organizados, especialmente aquellos vinculados al Movimiento Agrario de Misiones (MAM) y a las Ligas Agrarias. A diferencia de otros escenarios, la persecución no se dirigió a grupos armados, sino a sectores que reclamaban condiciones más justas para la producción de yerba mate, té y tabaco.
En ese contexto, la represión contó con la participación de sectores empresariales, que facilitaron información, logística y recursos para la identificación y captura de dirigentes rurales. Este entramado configuró un sistema de disciplinamiento dirigido a desarticular la organización social en el interior.
Una de las particularidades del caso misionero fue la apuesta por la participación política en democracia. En 1975, el Partido Auténtico logró representación legislativa provincial, impulsando una vía institucional frente al conflicto social.
Entre sus referentes se destacaron figuras como Juan “Negro” Figueredo, Arturo Franzen y Juan Mariano Zaremba, quienes promovieron una militancia basada en el compromiso social y la cercanía con las comunidades rurales.
La represión en Misiones se desarrolló en gran parte en zonas rurales y selváticas, con centros clandestinos y campamentos improvisados donde se cometieron graves violaciones a los derechos humanos. En muchos casos, las propias viviendas de las víctimas fueron utilizadas como espacios de tortura, generando un fuerte impacto en las familias.
El dirigente agrario Pedro Orestes Peczak, conocido como “el Cosaco”, se convirtió en un símbolo de esta etapa. Fue detenido, torturado y asesinado en 1976, en un hecho presentado oficialmente como un enfrentamiento, aunque las condiciones de su muerte evidenciaron lo contrario.
También se destacan las historias de militantes como Susana Ferreyra, Juan Figueredo y los hermanos Franzen, quienes fueron perseguidos por su actividad política y social, así como la de Ricardo “Pelito” Escobar, detenido durante años, cuya familia sostuvo una intensa lucha por su liberación.
En paralelo, mujeres como Germania Escobar y Felisa Bogado representaron la resistencia en el interior, reclamando por sus hijos desaparecidos en un contexto de aislamiento y sin acceso a visibilidad mediática o respaldo internacional.
Estas historias reflejan que el terrorismo de Estado también se expresó con fuerza en Misiones, donde la memoria, la verdad y la justicia continúan siendo ejes fundamentales para comprender el pasado y fortalecer la democracia.



