En comunicación con Eldópolis Radio 106.3, el cantante chamamecero Jorge Suligoy, santafesino de origen pero con una extensa trayectoria y fuerte arraigo en Eldorado y distintos puntos de Misiones, se sumó a las críticas por lo ocurrido en la última Fiesta Nacional del Chamamé en Corrientes, y profundizó un debate que atraviesa al género: la defensa de su identidad frente a la mezcla indiscriminada de ritmos.
Consultado sobre su reciente presentación, Suligoy relativizó la duración del show y puso el foco en la calidad artística. “Un buen artista en tres temas tiene que mostrar lo que hace. Es mejor que te quedes con ganas y me vayas a buscar a YouTube, y no que te sobre y cambies de canal”, sostuvo, al tiempo que destacó el valor del debate: “Esto es sano, es charlar mirándose a los ojos, entre amigos, celebrando la vida”.
Al ingresar de lleno en la polémica, marcó una primera aclaración conceptual. “No es Festival Nacional, es Fiesta Nacional del Chamamé. Y ahí está el peligro de lo que está pasando”, afirmó, diferenciando el sentido profundo del evento respecto a otros festivales del país.
Suligoy cuestionó especialmente la actuación de Príncipes de Misiones, señalando una falta de coherencia con la identidad litoraleña. “Vinieron a hablar de Misiones y, en vez de cantar a Ramón Ayala o a nuestro cancionero, se pusieron a tocar canciones de Leodán, copiando ritmos que no son chamamé”, expresó, y agregó: “Eso también habla de la gestión cultural que hay en Misiones”.
En la misma línea, advirtió sobre la transformación del género en algo ajeno a su esencia. “Esto no es chamamé, es una cosa extraña, una especie de chamacumbia”, dijo, y fue contundente al explicar qué representa realmente la fiesta: “La Fiesta Nacional del Chamamé no tiene como función divertir. El chamamesero no se divierte: vive, llora, se araña, pega un sapucay, toma un vino porque hay dolor también en el chamamé”.
Para el artista, lo ocurrido este año marca un punto de quiebre. “No podés subir al escenario y decir ‘esto también es chamamé’ cuando no lo es. Confundís a la gente”, sostuvo, en referencia a presentaciones donde se mezclaron géneros ajenos, y remarcó: “La UNESCO no nos dio un premio, nos dio un compromiso”.
Suligoy utilizó una comparación fuerte para explicar la gravedad del tema. “El chamamé es patrimonio. ¿Sabés qué quiere decir eso? Que se están metiendo con mi vieja y con mi viejo. No es joda”, afirmó, y añadió: “Las ruinas de San Ignacio también son patrimonio y se controlan, se miden impactos, se presentan informes. ¿Cuánto más una música que tiene que ver con el alma de un pueblo?”.
Sobre los reclamos y la protesta pública, aclaró que no se trata de una cuestión personal. “No reclamo porque no estuve este año, porque sí estuve. Reclamo por la sanidad del género”, aseguró, y alertó sobre procesos similares en la región: “En Brasil, el sertanejo se comió vivo a los géneros folclóricos. Eso es lo que nos puede pasar”.
También denunció una falta de espacio para los artistas del género en sus propias provincias. “Llevamos un espectáculo nacional, cobramos tres veces menos y no tenemos la oportunidad de cantar en nuestros pueblos misioneros”, lamentó, y habló sin rodeos de “censura y comparaciones incómodas”.
Finalmente, Suligoy expresó su respaldo a Santiago “Bocha” Sheridan, con quien comparte una mirada crítica de larga data. “Le mandé un mensaje de solidaridad al Bocha. Yo hace diez años que vengo diciendo esto y muchas veces quedé solo, como un loquito en el desierto”, concluyó.
Sus palabras vuelven a poner en el centro una discusión profunda y necesaria: qué se defiende cuando se defiende al chamamé y qué riesgos se corren cuando la identidad cultural se diluye en nombre de la convocatoria y el espectáculo.



