La histórica marca de margarinas y aderezos Dánica pondrá punto final a su presencia productiva en el sur del Gran Buenos Aires. El próximo 1° de octubre, la tradicional fábrica situada en la localidad de Llavallol cerrará sus puertas de manera definitiva, marcando la desvinculación de los últimos 30 trabajadores que aún prestaban servicios en el predio y clausurando un capítulo central de la industria alimenticia nacional.
La medida sella el destino de una planta que venía funcionando bajo respirador artificial. Tras un primer cese de actividades consumado hacia fines de 2024, las instalaciones habían logrado reabrir de manera precaria en enero de 2025 gracias a un esquema de emergencia pactado entre la compañía, el gremio aceitero y el Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, aquel entendimiento vence de forma improrrogable este 30 de septiembre, dejando el camino allanado para la deshabilitación total del establecimiento.
Una agonía prolongada y el salvataje que no alcanzó
Durante los últimos meses, el predio de Llavallol ya no elaboraba alimentos a gran escala, sino que había quedado reducido a un galpón destinado exclusivamente a tareas secundarias de envasado.
“La planta viene teniendo problemas operativos desde hace algunos años. En el último tiempo, se trabajó bajo un acuerdo con el Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria del Aceite (Soeia) y allí funcionó únicamente un proceso de envasado”, reconocieron desde la conducción de la empresa.
Aquel acuerdo tripartito había permitido la incorporación de Dánica al Programa de Promoción, Preservación y Regularización del Empleo (Preba), mediante el cual el Estado bonaerense aportaba fondos públicos para subsidiar una parte sustancial de los salarios. En ese entonces, cerca de 40 operarios habían regresado a sus puestos de trabajo, mientras que el resto de la nómina original optó por acogerse a planes de retiro voluntario o cobrar indemnizaciones tras la venta de maquinarias. Si bien el compromiso inicial contemplaba una vigencia de 18 meses con revisiones periódicas, la falta de competitividad terminó precipitando el desenlace antes de tiempo: “El cierre estaba previsto”, confirmaron fuentes cercanas a la firma.
Costos laborales, falta de inversión y desplome del consumo
Las raíces del conflicto se remontan a varios años atrás. Dánica detuvo por primera vez sus líneas de producción en octubre de 2024 mediante un adelanto masivo de vacaciones al personal, paso previo al desmantelamiento de activos en diciembre.
En aquel momento, los directivos de la firma justificaron la drástica decisión argumentando un cóctel de factores adversos: un severo desfasaje en la estructura de costos operativos, serias deficiencias logísticas y comerciales, y una fuerte caída en los volúmenes de venta acentuada por el contexto recesivo. Entre los puntos más conflictivos, la patronal apuntó contra el encuadre gremial del sector aceitero, al que acusó de sostener costos laborales que “duplicaban la media de la industria alimenticia” para un volumen de personal que “excedía ampliamente las necesidades productivas reales”.
Asimismo, puertas adentro la fábrica padecía un retraso tecnológico crónico: instalaciones con escaso mantenimiento durante décadas, equipamiento obsoleto sin automatización y una marcada pérdida de terreno frente a nuevas marcas en las góndolas de los supermercados por falta de innovación en sus líneas de producto. Ya en 2020 la firma había abierto un Procedimiento Preventivo de Crisis para intentar sanear sus balances, pero los sucesivos acuerdos con la representación sindical no lograron torcer el rumbo deficitario del negocio.
Del pionero danés al traslado definitivo a Córdoba
Nacida en 1939 de la mano de un inmigrante de origen danés que introdujo la fórmula de la margarina en el país, Dánica se convirtió rápidamente en un ícono publicitario y cultural de la mesa argentina con recordados eslóganes televisivos.
A lo largo de sus más de ocho décadas de vida comercial, la firma pasó por diversas manos corporativas: en 2011 fue absorbida por el gigante brasileño BRF y, posteriormente, en 2019 fue transferida a Dorada, firma perteneciente al Grupo Beltrán, en medio de un escenario financiero ya sumamente complejo.
Con la clausura definitiva de Llavallol, el corazón operativo de Dánica se reconfigura por completo. La producción de su emblemática margarina ya fue tercerizada y continuará fabricándose en plantas de otras empresas. Por su parte, la elaboración de aderezos, mayonesas y salsas quedará centralizada de manera exclusiva en el complejo que el Grupo Beltrán opera en el Parque Industrial Ferreyra, en la provincia de Córdoba, predio inaugurado en 2024 adonde ya habían migrado las actividades tras el cierre de su anterior fábrica en San Luis.



