Flávio Bolsonaro llegó este miércoles a Miami junto a su esposa, y sus dos hijas tras viajar en un avión privado que despegó desde Puerto Iguazú.
Luego del despegue, el senador hizo una escala en Guayaquil, Ecuador, y luego continuó rumbo a Estados Unidos.
El excandidato presidencial se declaró como el “líder de Brasil”, denunció un “fraude electoral” en el triunfo de su rival, Luiz Inacio Lula da Silva, en el balotaje del domingo y les agradeció a los presidentes Donald Trump y Javier Milei por su rol en el operativo que le permitió llegar junto a su familia a Miami.
A continuación, la carta completa Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como líder de Brasil.
Antes que nada, quisiera agradecer al presidente Milei por su valentía, sentido de la justicia y respeto por la legalidad, y al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por acogerme.
Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores de las buenas personas de mi país.
El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión.
La noche del domingo, vi consternado cómo se concretaba un fraude electoral ante mis propios ojos.
La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se materializara una imposibilidad matemática y que Lula sumara más de 10 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta.
Una decisión del STF, tomada por encima de las competencias del TSE, extendió la votación después de apagar las luces, y la orden solo llegó después de finalizado el horario legal, cuando las urnas ya estaban cerradas.
Los electores quedaron sometidos a reglas diferentes.
Hasta ahora, el TSE se ha limitado a defender la prórroga del horario y ni siquiera ha ofrecido una sola respuesta creíble.
Y las irregularidades no son el único problema.
A lo largo de toda la campaña hubo abuso de poder político y económico y utilización de la maquinaria pública a favor de la reelección.
Son hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la anulación de la fórmula Lula-Alckmin.
La respuesta del régimen a mis cuestionamientos llegó rápidamente.
Como en un plan previamente elaborado, siete minutos después de este repugnante fraude electoral, el juez, implicado en un enorme escándalo de corrupción, mencionado directamente en la investigación que utilizó para intentar secuestrar mis pasaportes y que muy probablemente estaría preso si no hubieran impedido mi asunción, puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen.
Al estar impedido desde el inicio y ser completamente sospechoso para iniciar cualquier procedimiento judicial en mi contra, su mera participación en actuaciones procesales demuestra la magnitud de la arbitrariedad y la ilegalidad en curso.
No era mi intención abandonar mi patria, pero sé exactamente a dónde conduce todo esto.
Este es el manual clásico de cualquier golpe de Estado.
La persecución política que comenzó con mi padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y se extendió a miles de otros brasileños patriotas comunes e incluso a ciudadanos estadounidenses, tiene un único objetivo: silenciar a cualquier persona que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en Brasil, a través de una Corte Suprema controlada por la organización criminal petista.
Para que quede claro, no existe ninguna orden de prisión contra mí, porque no he cometido ningún delito.
Lo que existe es una caza de brujas políticamente motivada, que buscaba convertirme en rehén y objeto de chantaje para proteger a los jueces corruptos de la Corte Suprema de un juicio político.
Este es el guion de la persecución: confiscación del pasaporte, tobillera electrónica, censura, arresto domiciliario, juicio amañado y, finalmente, condena política.
No voy a someter a mi familia a esto y mi país no merece volver a pasar por esta vergüenza internacional.
Ante la instrumentalización política de la Justicia en Brasil, traje a mi familia a Estados Unidos, donde estamos a salvo.
Agradezco, una vez más, al presidente Trump y al Gobierno estadounidense por acogernos y brindarnos la seguridad jurídica que ya no tenemos en Brasil.
Quiero dejarlo claro: no huí de Brasil, salí por Brasil, salí de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece, porque callado, preso y censurado, como está mi padre, no podría ejercer ese liderazgo y quedaríamos entregados al teatro institucional de una oposición mutilada y controlada por una Corte Suprema repleta de servidores del régimen.
No soy el primero que tiene que luchar por su propio país desde el extranjero.
Rui Barbosa se exilió para enfrentar la arbitrariedad de Floriano Peixoto y desde allí continuó defendiendo la ley y la libertad.
Charles de Gaulle lideró la Francia Libre desde Londres, condenado a muerte por el régimen de Vichy, y regresó para liberar a su país.
José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde Nueva York.
En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar el país por enfrentar la dictadura chavista, y María Corina Machado, aun perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática.
Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes a los que se enfrentaban.
La historia los llamó de otra manera.
Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil.
Quiero decirles, no solo a mis 60 millones de electores, sino al pueblo brasileño, que yo soy el líder y que los criminales que robaron las elecciones de Brasil forman parte de una organización criminal que implementó una tiranía.
Ustedes, que anhelaban el cambio, sepan que no voy a abandonarlos: seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación.
A las instituciones brasileñas les hago un llamado: esta locura tiene que terminar.
Brasil vive hoy un caos jurídico, de corrupción y persecución política, en el que la oposición tiene miedo de hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado.
Ninguna nación puede vivir en paz ni prosperar de esta manera.
Todavía hay tiempo para restablecer el equilibrio entre los poderes y devolverles a los brasileños la confianza que perdieron.
A la comunidad internacional le pido: no normalicen lo que está sucediendo en Brasil.
Lo que ocurre hoy en mi país no es normal y no puede ser tratado como algo normal.
A los senadores, diputados y gobernadores a quienes ayudé a elegir, y especialmente a mi candidato a la presidencia del Senado, Rogério Marinho: sé que hoy ustedes no tienen la libertad necesaria para ejercer plenamente su actividad política.
Por eso, lideraré la oposición desde aquí.
Diré lo que ustedes, allí, no pueden decir, y asumiré los riesgos que ustedes no pueden correr.
Y a vos, que votaste por mí y soñás con el cambio: no estamos derrotados y no estamos solos.
Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil.
En los próximos días me dirigiré regularmente al pueblo brasileño y presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y al inmenso apoyo popular que tenemos, por todos los medios pacíficos y legítimos, para impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil.
Les pido a todos que se mantengan firmes y nunca se rindan.
Salí de Brasil, pero no abandoné a los brasileños.
Esta lucha no terminó el 25 de octubre.
Solo terminará cuando Brasil vuelva a ser un país libre.
Y ese día llegará.
Que Dios bendiga a Brasil.
Flávio Bolsonaro Foto: AP



